Otros 6 años de lo mismo??? Tendremos la paciencia?

diciembre 4, 2006 en 4:49 pm | Publicado en PRINCIPAL | Deja un comentario

“Lo que no se ve, NO existe”

Por Cristina Avila Zezatti

Estudiosos de la comunicación afirman que para que un hecho tenga consecuencias colectivas, o masivas, debe ser un hecho publicado. O lo que es lo mismo: “Lo que no se publica o no se ve, no existe”.

Quien haya dado un seguimiento televisivo a la toma de protesta del Presidente entrante Felipe Calderón, ha sufrido -quizá sin saberlo- una seria desinformación de lo que ‘en realidad’ estaba sucediendo en la Tribuna de San Lázaro.

Aquellos que encendimos la televisión al menos una hora antes de la toma de protesta -programada para las 9:30 am- y sintonizamos los canales abiertos, es decir Televisa o Televisión Azteca, escuchamos y vimos a detalle la trifulca entre panistas y perredistas en punto de las 8 de la mañana. Aunque ninguno de los conductores de esas cadenas se tomaron, por ejemplo, la molestia de ‘informar’ que precisamente a esa hora terminaba el plazo de no agresión, fijado entre el Partido Acción Nacional (PAN) y el Frente Amplio Progresista (FAP).

La cobertura periodística que los diversos medios han hecho merecería una cobertura aparte. Lo merece precisamente por “lo que no se cubrió” en contraposición con lo que sí fue cubierto y resaltado.

El despliegue de medios y conductores fue sin duda titánico: como cada sexenio, unidades móviles en sitios estratégicos, técnicos y conductores estrella para narrar lo que ocurre y “contar” -a quienes no estamos ahí- los detalles. Desde el estudio, los titulares de noticieros del horario triple A, coordinan a ese conglomerado de informadores.

Y también como cada seis años, Presidencia de la República designa además a quienes transmitirán el evento en cadena nacional, puesto que de acuerdo a la ley, una vez comenzado “el acto” todas las cadenas de televisión deberán enlazarse y hacer una pausa en su propia programación. Esta designación la hace Presidencia de acuerdo a una lista enviada por Televisa y TV Azteca. Es, por supuesto, una lista de los mejores informadores, de los mejores ‘talentos’, que cada cadena tiene entre sus filas.

Nadie duda que la mejor manera de informarse en México sigue siendo con mucho la televisión. Por lo menos 83 millones de mexicanos 1 cuentan con un aparato televisivo, pero la cantidad de hogares con acceso a la televisión por cable, y por ende a otro tipo de información, disminuye considerablemente: apenas 5 millones de suscriptores 2 y otro medio millón que ‘piratean’ el servicio.

Así las cosas, ¿qué es lo que vieron y no vieron los televidentes en la toma de protesta? O es mejor preguntar ¿de qué fueron informados y de qué sucesos nadie se enteró?

La gran mayoría vimos una toma de protesta “sin mayores incidentes”. Un acto “tranquilo y como debe ser”, según lo calificó la conductora de Televisa, Diane Pérez, en cadena nacional. Impecablemente vestida de rojo y sonriente hasta el nerviosismo, cuando afuera en la tribuna se sucedían los chiflidos y las descalificaciones. Acompañada por su pareja de TV Azteca, Sergio Vicke, la conductora editorializó con una sonrisa más propia de una modelo: “Felipe Calderón es el presidente que necesitamos, un presidente con mano dura; es el presidente del empleo, en quien los jóvenes tienen puestas sus esperanzas”.

Ana María Lomelí de TV Azteca -que no conocía a los diputados, pero sí al gobernador “Terminator”- y Francisco Ramírez de Televisa, como la segunda pareja de cadena nacional, hablaron de los vítores que recibió el Presidente entrante a la salida de su casa, y leyeron el guión de la trayectoria de Calderón Hinojosa.

Evitaron hablar de la rechifla que lo recibió en San Lázaro. Ninguna mención a los 3 mil 500 elementos de Seguridad Pública que vigilaban los alrededores. Silencio sobre los 200 elementos del Estado Mayor Presidencial que permitieron a la fuerza que Felipe Calderón hiciera una improvisada toma de protesta con una estancia de apenas 3 minutos en la máxima tribuna del país. “El acto se realizó como estaba previsto en la Agenda”. Coincidieron todos. Nadie mencionó la palabra “inédito” para referirse a que el mensaje a la nación fuera a ser leído por primera vez en el Auditorio Nacional.

La marcha pacífica -y no tan pacífica- de Andrés Manuel López Obrador no existió nunca. Luego entonces, no sucedió. Sólo para los medios extranjeros.

La BBC mencionó 10 mil seguidores de AMLO, El País de España fue más conservador y le dio 5 mil simpatizantes al ex candidato del PRD, sin embargo, todos los medios extranjeros hablaron “de fuertes protestas”, “de un nuevo mandatario protegido por elementos policiales”, y de un mensaje leído “entre amigos y círculos de apoyo” en el Auditorio.

Adela Micha, de Televisa, apostada en el Auditorio Nacional, sonreía también, giró su micrófono para que los televidentes oyeran el “Sí se pudo” y habló de refilón de “un importante operativo de seguridad”. La numeralia periodística, ésa que nos puede dar datos para una mejor lectura, hoy no estaba entre las prioridades de los profesionales de la televisión. No se habló de un país descontento, no se habló de retos. Pero otros datos ‘relevantes’ sí que estaban: el color “azul cielo” del traje sastre de la ahora primera dama, por ejemplo.

La televisión nos mostró al país que nos gustaría ser, pero que no somos. Hoy menos que nunca. Un país en paz, un país bien vestido y guapo, sin protestas, sin antimotines, “sin incidentes”, sin marchas de la Sección 22 de Oaxaca, ni estaciones de metro cerradas y calles tomadas por la policía y el ejército, para seguridad de un “presidente blindado”.

Vimos una triunfal cobertura de “La Solemne ceremonia de Protesta Constitucional”. Una cobertura impecable, sin cabidas para más de 2 mil ejecuciones del narcotráfico, ni movimientos sociales. Hoy, de la realidad de México dieron mejor recuento los periodistas extranjeros.

Porque hoy México se vistió (o se acorazó) de manteles largos. Ni la banda presidencial dos veces entregada, ni la forma (omitida por las cámaras) en que Fox y Calderón llegaron a la tribuna merecieron el más mínimo cuestionamiento periodístico.

Vimos “el canal de las estrellas”, ése en el que “el tras bambalinas” no existe en la producción. Ni el antes ni el durante, sino sólo el resultado con la puesta en escena. Hoy “Si se pudo” y nadie dijo todo lo que detrás había para que “no se hubiera podido”.

Cierto, la pureza periodística, la objetividad no existen. Como también es cierto que toda presencia de los comunicadores es un acto de intromisión en los hechos. La cuestión siempre es la ética con la que hacemos esa intromisión.

“Y si no cumpliere, que la Nación me lo demande”. Deberíamos también demandar como ciudadanos más veracidad a los medios. Ahora otra vez, nos quedan 6 años para ello, para ver una realidad más acorde con la realidad de México.

1. Datos de AMAP (Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad)
2. Presidencia de la República. Febrero del 2006

Los borregos son los que no cuestionan

diciembre 3, 2006 en 5:24 pm | Publicado en PRINCIPAL | 1 comentario

Elena Poniatowska

La sociedad lo hace mejor que los partidos

nota original:

El 20 de noviembre de 2006, a las cinco de la tarde, 35.31por ciento del electorado, o sea 14 millones 756 mil 350 de los que en México votamos de un total de 41 millones 557 mil 430 hombres y mujeres, hicimos presidente legítimo de México al candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. Esta toma de posesión frente a miles de mexicanos remataba una campaña iniciada en enero de 2006.

Según Lorenzo Hagerman “López Obrador encontró herramientas de presión pacíficas y simbólicas que la sociedad civil usó para protestar, mil veces preferibles a la radicalización del EPR (Ejército Popular Revolucionario)”. Si no aceptamos que en México existen guerrillas y grupos radicales, la revolución se va a dar. No hay peor situación que un país que frente al poder de la guerrilla declara “aquí no va a pasar nada”. Para botón de muestra, tenemos a Oaxaca.

¿Por qué yo?

El domingo 3 de abril de 2005, el candidato de la izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador, a quien apenas conocía a no ser por los periódicos, llegó a la casa de San Sebastián número 10, en Chimalistac, a pedirme que colaborara en la lucha contra el desafuero ­una burda maniobra para impedir que contendiera en las elecciones de 2006­. “Pero, ¿por qué yo, si no sé ni organizar mi casa?” alegué. Sólo sonrió. Imposible adivinar que en ese preciso momento cambiaría mi vida. Me vi envuelta en una frenética actividad que podría resumir en el verbo “hablar”. Tranviarios, pequeños empresarios, senadores en huelga, magistrados, petroleros, electricistas, estudiantes, rectores, médicos y enfermeras, cineastas, intelectuales y hasta transeúntes porque una mañana tuve que pararme como merolico frente a la puerta principal de Palacio Nacional para arengar llena de vergüenza a quienes iban pasando. Gracias a Dios, Martí Batres es un gran orador, aunque la gente nos decía: “Par de güevones, pónganse a trabajar”.

El 26 de abril de 2005, Andrés Manuel López Obrador conoció una victoria sin precedente cuando más de un millón de personas reunidas en el Zócalo lo apoyaron contra el desafuero. El gobierno dio marcha atrás. A raíz de esa victoria, una semana más tarde, cuando pergeñaba las primeras páginas de una novela, Andrés Manuel regresó a la casa para solicitar, esta vez tuteándome: “Quiero que seas mi asesora en el proyecto de cultura y te entrevistes con el mundo del arte y de la ciencia”. Sus escasas visitas a la calle de San Sebastián hicieron que gente que en la vida había visto tocara a mi puerta y exigiera: “Dígale que le dé una casa a mi hijo”, “Pídale que busque al desobligado de mi marido”. Y lo más trascendente: “Quiero que se tome en cuenta mi voto: antes de morir quiero conocer la democracia”.

Cuauhtémoc Cárdenas

En todas las democracias es importante la alternancia en el poder. México llevaba 70 años bajo la férula del PRI. En la pasada elección, la mayoría de los mexicanos votó por Fox (yo voté por Cuauhtémoc Cárdenas como lo he venido haciendo los últimos cuatro sexenios). Ya en 1988, el PRI-gobierno le arrebató a Cuauhtémoc Cárdenas el triunfo. Aunque había muchas formas de resistencia pacífica, Cárdenas juzgó que las circunstancias eran desfavorables y podría sobrevenir una masacre si él llamaba a la revolución. De haberlo hecho, muchos lo habríamos seguido. Ahora, en 2006 no sólo se trataba de sacar al PAN aliado del PRI, sino de un nuevo proyecto de nación después de la pésima gestión de Vicente Fox.

Hubo fraude y mano negra y una cantidad de dinero ridícula para impedir que Andrés Manuel llegara al poder, pero la mitad de los que conformamos a la sociedad mexicana encaramos al gobierno. Carlos Monsiváis la llama “la gente”. La gente logró cuestionar el sistema y fue más lejos que los partidos políticos, que le cuestan mucho dinero al país. Los partidos han sido malos voceros del reclamo de la sociedad, la sociedad por sí sola lo hace mucho mejor. Son los movimientos civiles los que nos han provisto de ideas, toda esta sociedad organizada que Monsiváis refleja en su libro Entrada libre: crónicas de una sociedad que se organiza. En esos días descubrí que no hay nada mejor que candidatos independientes, hombres y mujeres sin partido, o sea recurrir a hombres y mujeres capaces y lograr por medio de ellos una ciudadanización de los partidos. Si a “la gente” (los “jodidos” los llamó Emilio Azcárraga Milmo) se le minimiza habría que recordar que la llamada escoria de la sociedad ha sido la que ha logrado los cambios: los muertos de hambre de Gandhi, el movimiento hippie de los años 60, el de peace and love de los outsiders, drogadictos, contestatarios, objetores de conciencia, los que lucharon con Martin Luther King contra el racismo estadunidense y eran considerados shit en Estados Unidos.

En el plantón de 47 días en el Zócalo, del 1º de agosto al 15 de septiembre la sociedad rebasó a los partidos al demostrar su voluntad de cambio frente al embate de la televisión y la mercadotecnia que querían hacernos creer que Andrés Manuel es un Hugo Chávez. De la gente en el Zócalo salieron las dos frases clave: “Voto por voto, casilla por casilla” y “Es un honor estar con Obrador” porque de veras, pararse a medio Zócalo en contra del granizo y la lluvia no sólo lo honraba a él sino que nos enderezaba a todos.

50 millones de pobres

Soy ingenua pero no tanto para creer que el candidato de la izquierda habría solucionado nuestros problemas (que saliéramos del Tercer Mundo y ganáramos el Mundial) pero supe desde el primer momento que la posibilidad de un México para los 50 millones de pobres estaba en manos de Andrés Manuel. Más que llegar al poder, ejercer el poder, mantenerse en el poder, Andrés Manuel tenía un proyecto de nación. Si él llegaba, el dinero no se concentraría en unas cuantas manos, los ex presidentes no cobrarían pensiones delirantes, los mexicanos que cruzan la frontera a Estados Unidos tendrían un empleo digno, se cerraría el abismo entre una clase social y otra. ¡Capaz de que hasta veríamos a los secretarios de Estado llegar en bicicleta a su despacho, como en los países escandinavos!

El plantón de 47 días en el Zócalo fue una gran lección de civismo. No sólo aprendí historia de México, la gente me enseñó que la vida diaria podía resolverse de la noche a la mañana. En 24 horas, el Zócalo ­esa gran plaza que consideramos el corazón del país­ se convirtió en cama (de piedra como la canción) en estufa, en tina, en regadera, en romería. Fueron días difíciles por las tormentas de granizo, las lluvias diarias, las precarias condiciones de vida, pero a diferencia de lo que se cree, los campamentos en el Paseo de la Reforma fueron un dique en contra de la violencia. Andrés Manuel hizo descender la temperatura al rojo vivo y la rabia se hizo convivencia pacífica. Ni un vidrio roto. En esos días pude tratar un poco a los medios alternativos de radio, la televisión por Internet, los chavos que se juegan la vida y crean un frente independiente y crítico del poder, las radios comunitarias, los medios marginados, las radios voladoras.

Y el plantón resultó ser una fuente de alegría, de ocurrencias y de cultura y esto se lo debemos casi en su totalidad a Jesusa Rodríguez, quien desde la primera noche se instaló en el Zócalo e hizo pensar, cantar, bailar, reír, jugar, decir poesía a quienes la acompañábamos. Más de 4 mil actos culturales se sucedieron desde las 10 de la mañana a las 12 de la noche hasta que Andrés Manuel ordenó acostarse temprano por respeto a los integrantes de la Revolución Blanca (los pejeviejitos y pejeviejitas que lo acompañaron, “porque queremos un país mejor para nuestros hijos”).

No sólo hubo actividades en el Zócalo, también en los campamentos. En medio de talleres y torneos de ajedrez, Paco Ignacio Taibo II dio más de 40 conferencias de historia de México, pero es Jesusa Rodríguez el símbolo de la resistencia cultural. Jesusa no sólo convencía y organizaba a los artistas para que el entretenimiento fuera continuo sino que después de escucharla todo un sector de huelguistas en el Zócalo dejó de consumir Sabritas y refrescos Jumex.

Un atardecer alguien le gritó desde el público: “Jesusa, ¿cuándo te casas?” y ella respondió sin más: “Estoy casada desde hace 26 años con una mujer que se llama Liliana Felipe y soy muy feliz”. No hubo ni asomo de homofobia y pienso que seguramente su respuesta fue un excelente augurio para que dos meses más tarde se aprobara la Ley de Sociedades de Convivencia.

En 1968, Parménides García Saldaña decía que quien no hace la revolución dentro de sí mismo, en su propia casa, no es revolucionario. Entre mis revoluciones (evoluciones) está la del plantón de 47 días en el Zócalo.

Calderon como la bill rata que es.

diciembre 3, 2006 en 5:13 pm | Publicado en PRINCIPAL | 2 comentarios

Diario de Guerra

José Agustín Ortiz Pinchetti

Un día especial

nota original:

¿Por qué a pesar de la campaña de mentiras y calumnias, del cerco mediático, AMLO, sin dinero ni acarreos, logró atraer la mañana de la entronización de Calderón a cientos de miles de personas que marcharon en orden admirable desde el Zócalo hasta el Bosque de Chapultepec? ¿Cómo explicarse que este hombre, que ha desafiado a las instituciones y a los grupos de interés protegidos por ellas, se haya convertido en el único líder de oposición verdadero? ¿Cómo ha conseguido alentar y mantener a la primera alianza de izquierda?

En contraste, Felipe Calderón ratificó en su anodino discurso inaugural lo que todos sabíamos: no tiene el tamaño para gobernar a México. Tuvieron que coaligarse las mafias y monopolios que son el núcleo de poder en México para que pudiera robarse la elección. Se fijaron más en sus debilidades que en sus méritos para apoyarlo. Sus esperanzas están en manipularlo a su antojo.

¿Y el ritual del cambio de poderes? En la zona del Palacio Legislativo fue necesario suspender las garantías individuales. Una buena parte del Ejército Mexicano y de la policía federal ocuparon posiciones estratégicas como si la ciudad estuviera a punto de ser atacada por un enemigo poderoso. Mientras tanto, el mitin multitudinario de los opositores fluía libre y entusiasta en el Zócalo, a dos kilómetros de distancia. Y luego lo mediático: Fox y Felipe inventaron un procedimiento de cambio de poderes en Los Pinos remedando las fórmulas legales para violarlas. En San Lázaro, previamente los panistas se apoderaron de la sagrada tribuna, que tuvieron que compartir día y noche con los perredistas, mientras que los priístas gozaban en grande.

PAN y PRD lograron al fin un acuerdo (joya del anecdotario): estipularon aquellas agresiones que podían darse y las inadmisibles. El espíritu del marqués de Queensberry sopló sobre los legisladores. Se prohibió arrancar las curules, emplear armas punzocortantes y golpes bajos. Pero se permitió sacudirse el polvo e insultarse a partir de las 8 de la mañana. El pacto fue escrupulosamente cumplido.

Luego vino la toma de protesta de Felipe. Una película cómica: el larguirucho Fox portando la banda que ya había entregado la noche anterior, entró protegido por oficiales del Ejército vestidos con ropas domingueras. Lo sigue el pequeño Calderón. A codazos los guardias garantizan la entrada. En menos de tres minutos se arma el Congreso nacional, se declara el quórum, se toma protesta y salen corridos los dos personajes. Calderón dio la impresión de que se robó la banda. Un tercer acto en un Auditorio colmado de panistas e invitados. Mala imitación del rito inaugural de la presidencia imperial. Calderón no alude a la situación de crisis que vive el país. Ni una palabra sobre Oaxaca. Nada que pueda dar una clave de cómo puede salir de la ilegitimidad de origen. Insiste en el diálogo que él mismo hizo imposible al negar el recuento de los votos como su propio rival y el sentido común exigían.

Se dice que la confrontación debe terminar, pero va a continuar, aunque sea por nuevas vías.

jaop@prodigy.net.mx

Doña Rosario Ibarra.

diciembre 3, 2006 en 5:04 pm | Publicado en PRINCIPAL | Deja un comentario

La represión a la APPO, como en la guerra sucia: Rosario Ibarra

ANDREA BECERRIL

Nota original

La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado, Rosario Ibarra, advirtió que el clima de represión que se vive en Oaxaca recuerda la época de Díaz Ordaz y la guerra sucia contra dirigentes sociales, que son desaparecidos o asesinados.

La senadora del Frente Amplio Progresista (FAP) anunció que en los próximos días viajará a Nayarit, donde están detenidos de manera arbitraria “los primeros 140 presos políticos del gobierno ilegítimo de Felipe Calderón”.

Destacó que aunque la orden para que se reprimiera a integrantes del magisterio y de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) se dio en los últimos días de la gestión de Vicente Fox, fue del conocimiento de Calderón, quien incluso nombró titular de la Procuraduría General de la República (PGR) a Eduardo Medina Mora.

Como secretario de Seguridad Pública ­dijo­, Medina Mora aplicó el operativo por el que la Policía Federal Preventiva detuvo, sin órdenes de aprehensión, a decenas de integrantes del movimiento social oaxaqueño, quienes luego fueron trasladados a una prisión de alta seguridad en Nayarit, con la complicidad del gobernador Ulises Ruiz.

Son 140 presos políticos a quienes se tiene incomunicados y con la violación flagrante de sus garantías constitucionales. “Es por ello que voy a viajar a Nayarit, junto con otros legisladores del PRD, para entrevistarnos con los detenidos” y saber exactamente cómo se encuentran de salud y su situación jurídica.

La senadora Ibarra agregó que también en Puebla y Veracruz hay miembros de la APPO y del magisterio presos, en una maniobra que siempre han empleado los represores, porque al alejarlos de Oaxaca impiden que su familiares estén al pendiente de los procesos y de su seguridad física. “Así actuaban desde el poder en esa época negra que se creía superada”.

Dijo que, desafortunadamente, desde el gobierno panista se protege a Ulises Ruiz y se le sostiene en la gubernatura, a pesar de su responsabilidad en el asesinato de maestros y otros luchadores sociales.

Aunque es muy probable que Calderón pague al PRI el favor por haberlo ayudado a tomar posesión en el Congreso, “durante una ceremonia bochornosa”, y ya no se tome ninguna medida en contra de Ulises Ruiz, los senadores del FAP insistirán en que se analice de nueva cuenta declarar la desaparición de poderes en Oaxaca, recalcó.

Cíclico.

diciembre 3, 2006 en 4:48 pm | Publicado en PRINCIPAL | Deja un comentario

COHA

Friday, December 1st, 2006
Mexico, Reports, Front Page

With Calderón’s Deeply Troubled Inauguration Last Night, Amidst a Deteriorating Security Situation in Oaxaca, the Possibility of a New Mexican Revolution Cannot Be Ruled Out

• The once-localized and relatively contained popular unrest in the southern state of Oaxaca has evolved into the onset of a violent rebellion likely to permanently stain the early days of Calderón’s presidency, and his ability to rule the country effectively

• After being temporarily eclipsed on the national scene, the defeated leftist presidential candidate, Andres Manuel López Obrador, is making his high risk feint of trying to capitalize on Oaxaca’s chaos to boost his own “revolution” by launching a “parallel government”

• The ongoing protests in Oaxaca have put an intense strain on Calderón, and will challenge his capacity to govern a country stymied by mounting volatility in Oaxaca as well as in the Mexican Congress

On the morning of November 6, radical protesters in support of the Oaxaca popular movement detonated bombs at three high-profile targets in Mexico City, including the PRI headquarters and the Federal Electoral Tribunal. Although the attacks caused no injuries, the upsurge of violence demonstrates the escalating scope of unrest which was once confined to the main square of the southern city of Oaxaca. Elsewhere in the country, the intensity of the violence reached a fever-pitched climax with the Ixtapa resort attacks in the state of Guerrero when, on November 7, bombers openly targeted the then incoming President, Felipe Calderón and his predecessor, Vicente Fox. Yesterday, Mexico City was the setting for the unrest when a near riot took place in the Mexican Congress, temporarily preventing Calderón from entering the institution.

The Oaxaca crisis originally started out as a peaceful, state-wide teachers’ strike last May, which rapidly drew allies from civil society organizations, indigenous communities and leftist activists. Within the past few months, however, this ad hoc coalition has morphed into a roiling mass movement which, like a line of fire, quickly spiraled out of control after the more radical wing of its supporters started to use the movement’s banner to cloak their own agenda.

At its inception, nobody could have predicted that the teachers demand for a wage hike would grow into a full-blown revolt against the notoriously corrupt Oaxaca governor, Ulises Ruiz, a high-level PRI functionary and the prime target of the unrest. The now six-month-old quasi-insurrection can be partly ascribed to the deep-seated venality that continues to flourish in several of Mexico’s poorest states, despite the recent wave of democratization initiated in 2000. The protests also reflect a feeling of near-desperation among a disillusioned and radicalized working class which has yet to see significant improvements in its living standards and has been fully swayed by López Obrador’s populist orations. Now that the movement has taken a dramatic turn, reaching new levels of nationwide violence, it looks as though President Calderón has inherited a complex political crisis that threatens the success of his presidential term and, in a doomsday scenario, could even translate into a civil war. Aside from the disaster that such a denouement would have for Mexico, it could produce a new round of seismic explosions along the U.S. border, as hundreds of thousands of Mexicans try to escape a new round of violence and upheaval.

A Long History of Impunity: PRI’s Old Habits Die Hard
The current national emergency that is now casting a very large shadow extending beyond the state of Oaxaca has its roots in the institutionalized oppression and entrenched flaws of the once-ruling Institutional Revolutionary Party (PRI), an oligarchic group which dominated Mexico’s political life for over seven decades. The party was originally comprised of a loose confederation of local political caudillos and military strongmen, grouped together with self-serving and machine-driven labor unions and peasant organizations. Throughout its reign, the PRI successfully contained political competition among the leaders of the party’s various factions and sectors, using a platform that was revolutionary in its rhetoric but hegemonic in its policies. It ruled by means of a complex corporatist system and through authoritarian methods until Vicente Fox of the center-right National Action Party (PAN) captured the presidency in 2000, and soon exhibited his own special inability to rule the country effectively.

Even though the PRI began to lose dominance over the Mexican political scene in the late 1980s, the country’s 2006 electoral showing indicated that the party was still an ominous force on the political stage, due to its capture of an impressive number of congressional seats which would enable it to be the spoiler in the legislature. More importantly, the PRI has been able to retain control and perpetuate the trapping of one-party rule in some poor southern states, in part by handing out jobs and goods just prior to the elections. While effectively hampering the consolidation of the rule of law, its clientelist practices allowed Governor Ruiz to continue to sit on his troubled throne. As a member of the old-line conservative branch of the PRI (the “dinosaur”), he has ruled despotically since being charged with rigging the 2004 state election, where he combined political cooptation with a high-threshold for tolerating blatant corruption.

For many years, Oaxaca citizens have been dominated by a police force which has never been held responsible for its repeated abuse of authority. More recently, local authorities have resorted to sustained intimidation tactics to drive their opponents into a fear-induced silence. Ruiz has also been accused of encouraging the creation of paramilitary groups to quell dissidents. Last June, demonstrators denounced the presence of “irregular armed groups” in the municipality which were presumed at the time to be state police dressed in civilian clothing. These “grupos de choque” (death squads) participated in a series of repressive acts commissioned by Ruiz. One of the most well-known victims of this police brutality was the social activist Germán Mendoza, a wheelchair-bound educator. Arrested on August 9, Mendoza was mercilessly beaten and falsely charged with murder before finally being acquitted.

An Atypically Peaceful Revolt
Since the 1980s, the teacher’s union, represented by the Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), has staged a convention in May to coordinate demands for higher wages, improved worker conditions and additional funds for schools in the more rural parts of the state. This year, as the teachers’ pleas once again went unheeded- if ever seriously examined by the indifferent Secretary of State Secretary Jorge Franco Vargas – a major strike broke out on May 22, essentially coordinated by Section 22, a unit of the SNTE.

On June 14, Oaxaca’s state police, armed with tear gas and automatic weapons, launched a pre-dawn raid in order to evict the demonstrators and level their street camps. This turn of events led to an unprecedented mustering of all sectors of civil society in a vast manifestation against the repressive policies of the Oaxaca governor. In all, the mobilization combined 70,000 public school teachers and 350 organizations, which rapidly united to form the Popular Assembly of the People of Oaxaca (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca – APPO). The coalition occupied the center of the city, blocked the state’s executive, judicial and legislative buildings, erected barricades throughout the central areas of the city and organized several marches in which upwards of 800,000 people participated.

In an attempt to provide a vehicle for the expression of APPO’s perspective, protesters seized radio frequencies such as La Ley, a private radio station, as well as TV channels. APPO soon linked up with other local organizations with deep historical roots to rally behind the teachers in demanding long-term changes that would bring them closer to achieving democratic rule in Oaxaca. Therefore, the coalition’s goals go well beyond the ousting of Governor Ruiz. APPO also pledges to build a national, non-violent, anti-capitalist movement capable of creating a genuine democracy in which the average citizen actually participates.

The PAN’s “Dangerous Liaisons”
Although Mexico’s central government does not have the plenary power to remove a governor from office, the Senate can initiate impeachment proceedings. However, under Mexican law, it is extremely difficult to impeach a governor. For that to happen, Congress would have to decide that none of the three branches (legislative, judicial and executive) of a particular state government function effectively. APPO’s hopes of witnessing Ruiz step down seemingly evaporated on October 18, when the Senate decided that there was no evidence of a power vacuum in Oaxaca that would justify the nomination of an interim governor. Immediately thereafter, what can be seen as an informal alliance between the PAN and the PRI sprung up from then-incoming President Calderón’s awareness of the necessity to forge a compromise with the PRI, his new key “ally,” in order to strengthen his presidential mandate. This involvement with a discarded PRI has prevented him from assuming a firm stand against Ruiz, as the PRI is still a potentially valuable colleague with the third largest number of congressional seats (103). Top party officials have been quick to warn Calderón that any overt hostility to Ruiz would jeopardize his presidency. Deputies from the Partido Acción Nacional (PAN) and the Partido de la Revolución Democrática (PRD) stayed overnight on November 28 and 29 to prevent each other from seizing control of the podium in Congress. President Calderón took an oath of office just after midnight on November 30 at the presidential palace, Los Pinos.

Fox’s Reluctant Move
In Oaxaca, since the inception of the anti-Ruiz movement, demonstrators have been calling for the federal government to initiate a mediation process. However, feeling the same constraints that now plague Calderón, President Fox had long refused to directly intervene. He did eventually step in when the death of American journalist Bradley Roland Will in Oaxaca made headlines worldwide. On October 29, Fox sent 4,500 Federal Preventative Police (PFP) officers into Oaxaca in order to retake the city and push back thousands of dissidents from the main square.

Faced with unrelenting resistance and mounting violence, Congress overrode the Senate’s binding limitations and finally voted on October 31 for the “immediate departure of Ulises Ruiz,” contradicting the previous Senate ruling and prompting even more confusion. Federal legislators have also passed an ouster resolution with the support of Ruiz’s own party, the PRI. This reversal can be partly ascribed to the widening circle of Ruiz’s critics, who have suggested that his resignation would benefit the country.

In addition, a report released on November 16 by the Senate Human Rights Commission revealed that the ongoing conflict in Oaxaca has been marked by murders, detentions, and disappearances, along with other derelictions. The document also found that there was enough evidence to impeach Ruiz and other local officials for their involvement in 98 political abductions, 93 arrests, 15 questionable deaths and numerous incidents of torture by the Federal police, among others, which tended to corroborate complaints made by the APPO. However, in spite of the increasing heat, the federal government has, thus far, failed to remove Ruiz, whose determination to remain in office has been confirmed by his adamant public pledge to serve out his term which ends in 2010.

A Radicalization of Violence and its Implication
The interposition of the Federal Police in Oaxaca was rancorously received by anti-Ruiz activists, and contributed to the further radicalization of the struggle. The situation prevailing in the city is increasingly anarchic. The APPO’s assembly is in reality far from homogeneous, and aspires to gather an even broader membership of diverse social organizations, political groupings, unions, and human rights organizations, often with distinct political perspectives, agendas and visions. As a result, some manifestations of solidarity with Oaxaca’s protesters have already occurred in the southern states of Michoacán and Chiapas in early November.

Thousands of indigenous residents of Chiapas – who provide a civilian support base for the Zapatista Army of National Liberation (EZLN) – have made plans to block all major roads and highways in the state in order to prepare for the defense of their counterparts in neighboring Oaxaca. However, some groups decided to respond to the prevailing violence in kind, which has threatened to undermine the credibility of APPO. A recent example of this occurred on November 20, when masked protesters joined the fray and, armed with sticks and rocks, clashed with police. This act of violence has consistently been condemned by APPO and has been seen as an unwelcomed by-product of Oaxaca’s ongoing revolt. Further complicating APPO’s desire to conduct a peaceful movement is the new guerilla group, Tendencia Revolucionaria-Ejercito del Pueblo, which has recently announced the launching of a campaign to unify the country’s revolutionary left into a homogenized movement. The faction decided to create the Asamblea Popular de los Pueblos de Mexico (APPM), and offered to work with the EZLN, known for its 1994 revolution in the state of Chiapas, and López Obrador’s National Democratic Convention.

López Obrador, of the PRD, has seen the growing public unrest as an opportunity to win over Oaxaca’s angry activists and possibly utilize the recent abuse against them in his campaign for a parallel government. Instead of denouncing Mexico’s escalating violence, the PRD has expressed its support for the protests, in exchange for APPO’s potential backing of the party’s elected officials. However, his strategy to press the demands of an impoverished underclass whose long-simmering rage has finally boiled over is risky, and could prove “destructive,” according to journalist Sergio Sarmiento of Reforma. López Obrador’s attempt to extract political dividends from Oaxaca’s rebellion is likely to fall short as polls recently suggested that 56 percent of Mexicans disapprove of his declaration that he was the country’s “legitimate president,” even though he has good reason to challenge certain aspects of the campaign and the vote count.

A Necessary Revolution?
Amidst an increasingly polarized environment, APPO has steadfastly promoted the importance of dialogue and, in mid-November, repeated its intention to convert its popular revolt into a peaceful, democratic and humanist revolution, using as its model the indigenous communities of Chiapas. This appears reminiscent of the Zapatista’s “Other Campaign,” which tried to combine an innovative strategy of local autonomy with an ongoing reinvention of participative democracy in order to change the status quo.

Although some observers have claimed that the situation in Oaxaca is highly illustrative of Mexico’s dysfunctional democracy, they do not see that the APPO may better signify the emergence of an increasingly sophisticated citizenry. This citizenry is capable of making articulate and rational demands on the system, and although its legitimacy may have been dented by the gratuitous violence of its radical wing, its mission remains formidable. An embryonic yet forceful voice is emerging in Mexico, and with it an assertive, autonomous vision of a civil society capable of monitoring and criticizing the performance of the authorities. The APPO is eager to play a constructive role in policymaking and set the tone for future acts of dissent. In itself, Oaxaca’s movement represents a “people’s revolution” which, if allowed to run its course, could point the way for a deep reform of the Mexican State.

Calderón’s Labyrinth of Solitude
The resignation of Ruiz may not necessarily be a cure for the nation’s maledictions. Even though his departure is the obvious precondition to resume negotiations with the teachers union and the APPO, it is unlikely that Calderón will have a hand in forcing Ruiz to step down. Already, Calderón must deal with two pressing issues – achieving a regional, if not nationwide peace and resolving the bitter dispute over the status of Ruiz – which, if neglected, will certainly prevent, or at least hinder, the implementation of his platform. In a pragmatic and reconciliatory way, he has called on all citizens to transform Mexico into a country of laws and promised he will seek the political center, fully aware of the necessity of integrating the poor into his political agenda. Calderón knows that unless he reaches out to the people at the bottom of the economic ladder, his presidency will likely founder. For this reason, he has pledged to maintain and expand large-scale poverty programs such as “Oportunidades,” which has been effective in eradicating deeply entrenched poverty in affected rural areas.

Mexico’s new president has also offered to implement a “common agenda.” The idea – relatively alien for a country like Mexico – comes from his extensive experience in Congress. Unlike his predecessor, Calderón knows that negotiation is now more than ever the key for successful reforms in Congress. However, such reforms will be dependent upon his capacity to shape political alliances, in which the PRI’s vote will be necessary but still not enough to initiate structural changes proposed by the PAN. One of his major challenges will be to bring accountability and openness to the political process at all levels, which will include punishing regional barons who have continued to undermine any progress towards the democratization of Mexico’s basic institutions.

This analysis was prepared by COHA Research Associate Magali Devic
December 1st, 2006

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.